La humanidad aumentada

La administración digital del mundo
Colección: 
Futuros Próximos
Traducción de: 
Javier Blanco y Cecilia Paccazochi
ISBN: 
978-987-1622-53-5
Páginas: 
160

Para Éric Sadin, uno de los más promisorios ensayistas franceses de la actualidad, la computadora súper potente que en la película 2001 Odisea del Espacio controlaba la nave Discovery One ya no es una figura quimérica. Su conciencia de silicio expresa una tendencia fundamental en el devenir de la tecnología contemporánea: la “administración robotizada de nuestra existencia”. La asistencia hiperindividualizada y geolocalizada vía GPS de los smartphones, los sistemas de alta complejidad que garantizan de manera autónoma los suministros de agua y electricidad de ciudades enteras, el trading algorítmico que regula los intercambios bursátiles, dan cuenta del sofisticado acoplamiento entre inteligencia computacional y humanidad que reviste nuestra vida cotidiana y que ha transformado a la “dinámica electrónica” en un estrato imprescindible de la experiencia. Somos testigos de una mutación decisiva en nuestro vínculo con la técnica: mientras que su vocación ancestral consistía en actuar como una prótesis de las insuficiencias del cuerpo, hoy su capacidad cognitiva le confiere el inquietante rol de gobernar a los seres y las cosas. El acelerado proceso de “duplicación digital del mundo”, encarnado de manera ejemplar en plataformas como Google Maps o en los perfiles de Facebook, produjo el crecimiento exponencial de una inédita masa de datos que sobrepasa nuestras modalidades de aprehensión sensoriales y cerebrales.
El presente libro postula que la emergencia de una suerte de “humanidad paralela”, capaz de procesar y administrar de manera infinitamente más eficaz esa información, profundiza la agonía del antropocentrismo moderno para dar lugar a una gubernamentabilidad algorítmica que pone en riesgo nuestra soberanía. Y que lo hace no como una fuerza que coacciona, sino bajo la forma de una “administración soft”, indolora y casi imperceptible, a la cual le concedemos el poder de guiar el curso de nuestra cotidianeidad limitando el ejercicio de nuestra facultad de juicio en el aquí y ahora.