LA PISTA DE BAILE COMO LABORATORIO SENSORIAL

LA PISTA DE BAILE COMO LABORATORIO SENSORIAL 

Por Diego Villa Diamante 

Abro mi edición de Retromanía y la única página que subrayé de todo el libro dice: “¿Puede ser que el peligro más grande para el futuro de nuestra cultura sea… su pasado?”.

Retromania es un libro fundamental que me ayudó a repensar lo que venía haciendo desde mi lugar de DJ, productor de mashups y amante de hacer bailar a la gente. Yo venía trabajando de forma lúdica, y al leer el libro de Simon me encontré con un montón de ideas que no hicieron más que abrirme horizontes, ayudarme a pensar en la pista de baile como un laboratorio en el que cada tema con una referencia cultural clara activaba algo en el inconsciente colectivo de lxs bailarines, jugando a una antropología musical en tiempo real. Claro, la gente estaba bailando, tomando algo, fumando, seduciendo… y yo estaba pensando en las diferentes combinaciones entre The Smiths, Damas Gratis, 50 Cent o IKV e intentando ver qué le pasaba a los bailarines con esta ensalada freestyle de diferentes protagonistas de la cultura pop.

Soy DJ y productor de mashups e intento que en mis sets las referencias culturales sean de lo más disímiles y claras para generar alguna sensación intensa en quien está bailando, para sorprenderlo con un tema que lo lleva a otro tiempo, a otro momento de su vida. Es muy estimulante. Todo esto sin llegar a hacer de mis sets “La Noche de la Nostalgia” y buscando que esos temas que te llevan a los 80s, 90s o early 2000s sean pequeños guiños, samples o remixes contemporáneos que saquen de contexto ese hit de tu adolescencia: Ace Of Base en reggaeton, Babasónicos en cumbia santafesina, Portishead en trap o Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en moombahton. Todas versiones con ritmo intenso, producción digital acomodada para que suene modelo 2020 en las pistas de baile. Esa fina línea que divide la referencia cultural de la nostalgia, que hace que el guiño cómplice al pasado se vuelva un lloroso “todo tiempo pasado fue mejor” es sumamente peligrosa y varía respecto a cada receptor y contexto. En tiempos de pandemia, cuarentena y aislamiento social preventivo y obligatorio, en el que pasé de tocar para cientos de personas bailando, rozando sus cuerpos al compás del beat, a un montón de personas encerradas en sus casa conectadas por una pantalla, esa línea se perdió y con poner un hit del verano pasado ya caemos en la nostalgia de esa libertad perdida, de la vida sin COVID, de cuando nos juntábamos con amigues sin restricciones.

Hasta La Pista es la forma que encontramos con Carla Sanguineti, devenida en plena pandemia en VJ Baby Call, para continuar con nuestro agite cultural, seguir en contacto con otrxs artistas y hacerle compañía a un montón de personas en plena cuarentena. Transmitiendo en vivo desde Youtube en un formato audiovisual (música, conducción y visuales en pantalla) el primer mes nos encomendamos de forma épica a hacer emisiones todos los días a las 23 horas, total, ¿cuánto puede durar una cuarentena? ¿40 días? ERROR. La cuarentena ya lleva más de 200 días y nosotros más de 100 emisiones.

Con la sensibilidad a flor de piel, bailando frente a una pantalla, aislado de tus amigues, cualquier canción que estés bailando te lleva a otro tiempo. Esa nostalgia casi se convierte en un mimo, en un pequeño consuelo y por qué no un poco de esperanza de poder volver a compartir una cerveza del pico sin pensar que te vas a contagiar y luego tus padres también y todos vamos a morir.

La forma de consumir cultura cambió, la forma de bailar cambió y la forma de entender el consumo de esa retromania de la que hablaba Reynolds también cambió. Imagino que la década del 2010 y un montón de casos de retromania al palo le darán al querido Simon material como para un segundo volumen de su libro en el se explique cómo Youtube, Spotify y el algoritmo hacen estragos en el consumo contemporáneo de música. Imagino sin dudas un capítulo en el que hable de cómo la música actual se acomoda a las disposiciones de las plataformas digitales, y de cómo la estructura de los temas cambia para que el consumidor se quede el tiempo suficiente escuchando esa canción para que Spotify le pague al artista una escucha completa. De cómo la producción digital se estandarizó y los productores musicales se convirtieron en type beats de sus propios temas. 

Me sigo preguntando por qué subrayé: “¿puede ser que el peligro más grande para el futuro de nuestra cultura sea… su pasado?” ¿Por qué me interpelaba tanto esa frase? Debo confesar que nunca subrayo mis libros, pero algo había ahí que me quedó resonando todos estos años.

 

Villa Diamante es un referente de la cultura musical en Argentina. Desde hace más de 15 años se destaca como DJ, productor, programador y curador, siendo cabeza de emprendimientos colectivos como ZZK Records, Mercurio Disquería, los Bellos Jueves en el Museo de Bellas Artes y el Combinado Argentino de Danza. Desde 2018 conduce musicalmente Por Amor Al Baile, ciclo de verano del Centro Cultural Recoleta que pone a bailar más de 8000 personas en el espacio público con entrada libre y gratuita. También es residente semanalmente en La Grande y Avant Garten, espacios donde despliega su capacidad como sommelier de amplios sabores musicales. Todos sus proyectos se caracterizan por seleccionar y dar a conocer al gran público artistas emergentes y experimentar a través de la música el encuentro de las formas de expresión artística.

 

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