COSMISMO RUSO

TECNOLOGÍAS DE LA INMORTALIDAD ANTES Y DESPUÉS DE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE

BORIS GROYS (COMP.)

COLECCIÓN: FUTUROS PRÓXIMOS
TRADUCCIÓN: FULVIO FRANCHI
PRÓLOGO: MARTÍN BAÑA Y ALEJANDRO GALLIANO
ISBN: 978-987-48226-0-4
PÁGINAS: 320
AÑO: 2021

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$1,400

TEXTOS DE: NIKOLÁI FIÓDOROV, ALEXANDER BOGDÁNOV, ALEXANDER SVYATOGOR, VALERIÁN MURAVIOV, KONSTANTÍN TSIOLKOVSKI Y ALEXANDER CHIZHEVSKI

“¡Inmortalidad para todos!”, “¡Nuestra tarea es la resurrección de los muertos!”, “¡La sociedad comunista debe ser también interplanetaria!”. Aquí tenemos algunas consignas que sintetizan el programa de acción que nucleó a fines del siglo XIX y principios del siglo XX a un movimiento heterogéneo integrado por anarquistas radicales, activistas revolucionarios, poetas afines a lo oculto, filósofos, novelistas utópicos, científicos y pioneros de la astronáutica. Se trataba de un círculo de autores rusos para los que todos males como la desigualdad, la injusticia y el sufrimiento, tenían su raíz en un problema mayor: la muerte, un lujo innecesario que se podría evitar mediante el mejoramiento tecnológico de la naturaleza. Según los principios cosmistas, los seres humanos debían dejar atrás sus diferencias y organizar sus esfuerzos detrás de este objetivo común, al que seguiría uno no menos ambicioso: la interplanetariedad. Una vez superados los límites temporales de la vida, estaríamos listos para romper nuestras ataduras espaciales y diseminar la revolución por todo el universo.

Estos textos, condenados al olvido durante años y a los que podemos acceder por primera vez en lengua castellana con traducción directa del ruso, sorprenden tanto por la audacia de sus planteos como por las inesperadas resonancias que tienen en el presente. Gran parte de los proyectos del cosmismo se reflejan en la agenda de los titanes de Silicon Valley –que financian programas para revertir el envejecimiento celular o implementar la criogenia– y en corrientes de pensamiento tan actuales como el posthumanismo o el ciberfeminismo, para las cuales también el cuerpo es un dispositivo plástico que podemos modificar a los efectos de superar sus límites. Incluso el temor del primer cosmista, Fiódorov, a “que los millonarios pudieran infectar a otros planetas con su explotación extractivista” parece materializarse en la privatización de la carrera espacial operada por Elon Musk y Jeff Bezos. En este escenario, recuperar la tradición del cosmismo ruso puede servirnos para recrear hoy esa confluencia tan necesaria entre desarrollo tecnocientífico y políticas emancipatorias.

(Berlín, 1947) es filósofo, crítico de arte y teórico de los medios, internacionalmente reconocido por sus investigaciones sobre el arte de vanguardia del siglo XX y los medios de comunicación contemporáneos. Estudió filosofía y matemáticas en la Universidad de Leningrado. Miembro activo de los círculos no oficiales de intelectuales y artistas de Moscú y Leningrado bajo el régimen soviético, emigró en 1981 a Alemania, donde se doctoró en filosofía en la Universidad de Münster. Desde entonces, desarrolló una intensa vida académica en la Escuela Superior de Diseño de Karlsruhe, la Academia de Bellas Artes de Viena y las universidades de Filadelfia, Pensilvania y Nueva York, entre otras. A la par de su trabajo académico, Groys es un destacado curador de arte. Entre sus libros más importantes se destacan Volverse público (Caja Negra, 2014), Arte en flujo (Caja Negra, 2016), Sobre lo nuevo: ensayo de una economía cultural, Bajo sospecha: una fenomenología de los medios y Obra de arte total Stalin. Su libro más reciente en Caja Negra es la antología Cosmismo ruso (2021).