RESET. CRÓNICA DE LA PSICODEFLACIÓN #2

RESET. CRÓNICA DE LA PSICODEFLACIÓN #2

Por Franco “Bifo” Berardi

15 de marzo

En el silencio de la mañana, las palomas perplejas miran hacia abajo desde los techos de la iglesia y parecen atónitas. No alcanzan a explicarse el desierto urbano.

Yo tampoco.

Leo los borradores de Offline de Jess Henderson, un libro que saldrá en algunos meses (en fin, debería salir, ya se verá). La palabra «offline» adquiere un relieve filosófico: es un modo de definir la dimensión física de lo real en oposición, es más, en sustracción, a la dimensión virtual.

Reflexiono acerca del modo en que está mutando la relación entre offline y online durante la propagación de la pandemia. E intento imaginar el después.

En los últimos treinta años, la actividad humana ha cambiado profundamente su naturaleza relacional, proxémica, cognitiva: un número creciente de interacciones se ha desplazado de la dimensión física, conjuntiva –en la que los intercambios lingüísticos son imprecisos y ambiguos (y por lo tanto infinitamente interpretables), en la que la acción productiva involucra energías físicas, y los cuerpos se rozan y se tocan en un flujo de conjunciones– a la dimensión conectiva, en la que las operaciones lingüísticas son mediadas por máquinas informáticas, y por lo tanto responden a formatos digitales, la actividad productiva es parcialmente mediada por automatismos, y las personas interactúan cada vez más densamente sin que sus cuerpos se encuentren. La existencia cotidiana de las poblaciones ha sido cada vez más concatenada por dispositivos electrónicos relacionados con enormes masas de datos. La persuasión ha sido reemplazada por la impregnación, la psicósfera ha sido inervada por los flujos de la infósfera. La conexión presupone una exactitud lampiña, sin pelos y sin polvo, una exactitud que los virus informáticos pueden interrumpir, desviar, pero que no conoce la ambigüedad de los cuerpos físicos ni goza de la inexactitud como posibilidad.

Ahora, he aquí que un agente biológico se introduce en el continuum social haciéndolo implosionar y obligándolo a la inactividad. La conjunción, cuya esfera se ha reducido en gran medida por las tecnologías conectivas, es la causa del contagio. Juntarse en el espacio físico se ha vuelto el peligro absoluto, que debe evitarse a toda costa. La conjunción debe ser activamente impedida.

No salir de casa, no ir a encontrarse con los amigos, mantener una distancia de dos metros, no tocar a nadie en la calle…

Se verifica aquí entonces (es nuestra experiencia de estas semanas) una enorme expansión del tiempo vivido online; no podría ser de otra manera porque las relaciones afectivas, productivas, educativas deben ser transferidas a la esfera en la que no nos tocamos y no nos juntamos. Ya no existe ninguna red social que no sea puramente conectiva.

Pero entonces ¿qué? ¿Qué sucederá después?

¿Y si la sobrecarga de conexión termina por romper el hechizo?

Quiero decir: tarde o temprano la epidemia desaparecerá (siempre que esto suceda, en Italia tal vez el 25 de abril): ¿no tenderemos quizás a identificar psicológicamente la vida online con la enfermedad? ¿No estallará tal vez un movimiento espontáneo de acariciamiento que induzca a una parte consistente de la población joven a apagar las pantallas conectivas transformadas en recuerdo de un período desgraciado y solitario?

No me tomo demasiado en serio, pero lo pienso.

16 de marzo

La Tierra se está rebelando contra el mundo. La contaminación disminuye de manera evidente. Lo dicen los satélites que envían fotos de China y de la Padania completamente diferentes a las que enviaban hace dos meses, me lo dicen también mis pulmones que hace diez años que no respiraban tan bien –desde que me diagnosticaron un asma severa causada en gran parte por el aire de la ciudad.

17 de marzo

El colapso de las bolsas de valores es tan grave y persistente que ya no es noticia.

El sistema bursátil se ha convertido en la representación de una realidad desaparecida: la economía de la oferta y de la demanda está trastornada y permanecerá durante mucho tiempo indiferente a la cantidad de dinero virtual que circula en el sistema financiero. Pero esto significa que el sistema financiero está perdiendo su control: en el pasado, las fluctuaciones matemáticas determinaban la cantidad de riqueza a la que cada uno podía tener acceso. Ahora no determinan más nada.

Ahora la riqueza ya no depende del dinero que tengamos, sino de lo que pertenece a nuestra vida mental.

Debemos reflexionar sobre esta suspensión del funcionamiento del dinero, porque quizás aquí esté la piedra angular para salir de la forma capitalista: romper definitivamente la relación entre trabajo, dinero y acceso a los recursos.

Afirmar una concepción diferente de la riqueza: la riqueza no es la cantidad de equivalente monetario que tengo, sino la calidad de vida que puedo experimentar.

Debemos reflexionar sobre esta suspensión del funcionamiento del dinero, porque quizás aquí esté la piedra angular para salir de la forma capitalista: romper definitivamente la relación entre trabajo, dinero y acceso a los recursos.

La economía está entrando en una fase recesiva, pero esta vez no sirven de mucho las políticas de apoyo a la oferta, ni las políticas de apoyo a la demanda. Si las personas tienen miedo de ir a trabajar, si la gente muere, no se puede reactivar ninguna oferta. Y si estamos encerrados en casa, no se puede reactivar ninguna demanda.

Un mes, dos meses, tres meses… Son suficientes para bloquear la máquina, y este bloqueo tendrá efectos irreversibles. Aquellos que hablan de vuelta a la normalidad, aquellos que piensan que se puede reactivar la máquina como si nada hubiera sucedido, no entendieron bien qué es lo que está sucediendo.

Será cuestión de inventar todo de nuevo, para que la máquina vuelva a funcionar. Y nosotros tenemos que estar allí, listos para impedir que funcione como lo ha hecho durante los últimos treinta años: la religión del mercado y el liberalismo privatista deben ser considerados crímenes ideológicos. Los economistas que hace treinta años nos prometen que la cura para toda enfermedad social es el recorte del gasto público y la privatización deberán ser aislados socialmente; si intentan abrir la boca de nuevo, deberán ser tratados por lo que son: idiotas peligrosos.

Un mes, dos meses, tres meses… Son suficientes para bloquear la máquina, y este bloqueo tendrá efectos irreversibles. Aquellos que hablan de vuelta a la normalidad, aquellos que piensan que se puede reactivar la máquina como si nada hubiera sucedido, no entendieron bien qué es lo que está sucediendo.

En las últimas dos semanas leí Cara de pan de Sara Mesa, Lectura fácil de Cristina Morales y la escalofriante Canción dulce de la horrible Leila Slimani. Ahora estoy leyendo a una escritora azerí que habla de Bakú a principios del siglo XX, de las riquezas repentinamente acumuladas con el petróleo, y de su familia muy rica a la cual la revolución soviética le quitó todas las propiedades.

Este año, más por casualidad que por elección, leí solamente escritoras, comenzando con la maravillosa novela de Négar Djavadi llamada Desoriental, una historia de exilio y de violencia islamista, de soledad y de nostalgia.

Pero ahora basta con las mujeres y suficiente con los dramas de la humanidad.

Y entonces fui a buscar un libro relajante, que es el Orlando Furioso leído por Italo Calvino. Cuando enseñaba, siempre lo recomendaba a los jóvenes, y les leía algunos capítulos. Lo habré leído diez veces, pero lo releo siempre con mucho gusto.

18 de marzo

Hace unos años, con mi amigo Max (e inspirado por mi amigo Mago), publiqué una novela que no sabíamos cómo llamar. Nos gustaba el título KS, o bien el título Gerontomaquia. Pero el editor que publicó el libro (después de que comprensiblemente muchos lo habían rechazado) impuso un título bastante feo pero ciertamente más popular: Muerte a los viejos. El libro se vendió muy poco pero contaba una historia que ahora me parece interesante. Estalla una especie de epidemia inexplicable: jóvenes de trece, catorce años matan a los viejos, primero algunos casos aislados, luego cada vez más frecuentes y luego en todas partes. Ahorro los detalles y los misterios técnico-místicos de la historia. El hecho es que los jóvenes mataban a los viejos porque suavizaban el aire con sus tristezas.

Esta noche me vino a la mente que toda esta historia del coronavirus se podría leer metafóricamente así: el 15 de marzo del año pasado, millones de muchachas y muchachos salieron a las calles gritando: nos hicieron nacer en un mundo donde no se puede respirar, nos han apestado la atmósfera, deténganse ya, reduzcan el consumo de petróleo y de carbón, reduzcan las partículas finas. Quizás esperaban que los poderosos del mundo escucharan sus súplicas. Pero como sabemos, terminaron decepcionados: la Cumbre Climática de Madrid de diciembre, el último de los innumerables eventos internacionales en los que se discute sobre la reducción del cambio climático, fue tan solo el enésimo fracaso. La emisión de sustancias tóxicas no ha disminuido en absoluto en la última década, el calentamiento global ha seguido adelante alegremente. Las grandes corporaciones del petróleo, del carbón y del plástico no piensan detenerse. Y entonces los jóvenes en cierto punto se enfurecen y hacen una alianza con Gea, la divinidad que protege el planeta Tierra. Juntos lanzan una matanza de advertencia, y los viejos comienzan a morir como moscas.

Finalmente todo se detiene. Y un mes más tarde, los satélites fotografían una Tierra muy diferente de la que había antes de la gerontomaquia.

19 de marzo

Al no tener televisión, sigo los acontecimientos en Internet: CNN, The Guardian, Al Jazeera, El pais… Luego, a la hora del almuerzo escucho las noticias de Radio Popolare.

El mundo ha desaparecido de la información, solo existe el coronavirus. Hoy en el informativo de la radio no había una noticia que no se refiriera a la epidemia. Un amigo de Barcelona me cuenta que habló con un redactor de la televisión nacional española: parece que cuando mandan noticias sobre algo que no es el contagio, la gente llama por teléfono enfurecida, y alguien insinúa que están ocultando algo…

Entiendo la necesidad de mantener la atención del público concentrada en las medidas de prevención, entiendo que es necesario repetir cien veces al día que hay que quedarse en casa. Pero este tratamiento mediático tiene un efecto ansiógeno absolutamente innecesario; además, se ha vuelto casi imposible saber lo que está sucediendo en Siria del norte. Hace unos días en Idlib ocho escuelas fueron bombardeadas en un solo día.

¿Y qué está sucediendo en la frontera greco-turca? ¿Y no hay más barcos llenos de africanos en el Mediterráneo que corran el riesgo de hundirse o que sean detenidos y enviados de vuelta a los campos de concentración libios? Hay, hay: de hecho, para ser precisos, justamente ayer logré encontrar la noticia de un barco con ciento cuarenta personas a bordo que la guardia costera maltesa envió de regreso.

Para su conocimiento, aquí hay una lista parcial, desde el 1 de marzo hasta hoy, de lo que está sucediendo en el mundo, además de la epidemia. Desde el sitio web de PeaceLink transcribo los conflictos armados que no se han detenido en estas últimas tres semanas, mientras nosotros creíamos que nadie podía salir de casa:

Libia: estallan violentos enfrentamientos en todo el norte a medida que las fuerzas del Ejército Nacional de Libia (LNA) intentan avanzar. Las fuerzas de Haftar bombardean dos escuelas en Trípoli. República Democrática del Congo: al menos 17 muertos en enfrentamientos con las Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF) en Beni. Somalia: cinco miembros de al-Shabaab murieron en un ataque aéreo estadounidense. Nigeria: seis muertos en un ataque de Boko Haram a la base militar en Damboa. Afganistán: las fuerzas talibanes y afganas se enfrentan en la provincia de Balkh. Tailandia: un soldado muerto y otros dos heridos en enfrentamientos con militantes en el sur. Indonesia: cuatro rebeldes del Ejército de Liberación de Papua Occidental (WPLA) murieron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad en la región de Papua. Yemen: 11 muertos en enfrentamientos entre rebeldes hutíes y el ejército yemení en Taiz. 14 rebeldes hutíes asesinados en enfrentamientos con las fuerzas del gobierno yemení en la provincia de Al-Hudaydah. Turquía: un caza turco derriba un avión de guerra sirio sobre Idlib. Siria: 19 soldados sirios muertos en ataques de drones turcos.

Un amigo me envió el video de una fila de camiones militares en Bérgamo.

Es de noche, proceden lentamente. Llevan al crematorio unos sesenta ataúdes.

20 de marzo

Me despierto, me afeito la barba, tomo pastillas para la hipertensión, enciendo la radio… Mierda… La musiquita del himno nacional. Explíquenme qué tienen que hacer los himnos nacionales en esta ocasión.

¿Por qué resucitar el orgullo nacional? Ese himno llevó a los soldados a Caporetto, donde murieron cien mil [N. del T.: se refiere a la Batalla de Caporetto o Kobarid, librada en 1917 durante la Primera Guerra Mundial en la frontera austroitaliana entre Italia y los Imperios Centrales].

Apagué la radio y me afeité en silencio. De tumba.

Jun Fujita Hirose es un amigo japonés que escribe libros sobre cine. En las últimas semanas viajó para presentar la edición en español de su libro Cine-Capital. Al regresar de Buenos Aires pensaba detenerse en Madrid y en Bolonia, donde Billi y yo lo estábamos esperando. Es una persona muy agradable e ingeniosa, y hospedarlo unos días es un placer, cada vez que pasa por Italia, aproximadamente una vez al año.

Cuando llegó a Madrid, la infección estaba explotando en la ciudad, por lo que se vio obligado a detenerse allí, donde es huésped de otro queridísimo amigo, Amador Fernández-Savater. Así que ahora pasan el tiempo juntos, y envidio un poco a Amador porque Jun es también un excelente cocinero y me gusta la cocina japonesa. Hacen un poco de cine debate por la noche, y hace unas noches vieron La Cosa de Carpenter, una película que viene como anillo al dedo. Entonces Amador escribió un artículo que leí en la revista argentina Lobo Suelto. Amador escribe: «La Cosa es una ocasión para el pensamiento. Debemos pensar la epidemia como una interrupción. Una interrupción de los automatismos, de los estereotipos, de lo que damos por descontado: la salud y la sanidad, las ciudades y la alimentación, los vínculos y los cuidados, es preciso repensarlo todo de nuevo».

Cuando termine la cuarentena –si termina, y no se ha dicho que terminará–, estaremos en una especie de desierto de reglas, pero también en una especie de desierto de automatismos.

La voluntad humana reconquistará entonces un papel ciertamente no dominante con respecto al azar (la voluntad humana nunca ha sido determinante, como nos enseña el virus), pero sí significativo. Podremos reescribir las reglas y romper los automatismos. Pero esto no sucederá pacíficamente, es bueno saberlo.

No podemos prever qué formas asumirá el conflicto, pero debemos comenzar a imaginarlo. Quien imagina primero gana: esta es la ley universal de la Historia.

Al menos eso creo.

No podemos prever qué formas asumirá el conflicto, pero debemos comenzar a imaginarlo. Quien imagina primero gana: esta es la ley universal de la Historia.

 

21 de marzo

Cansancio, debilidad física, leve dificultad para respirar. No es una novedad, me sucede a menudo. Es culpa de las píldoras para la hipertensión y también culpa del asma, que ha sido amable conmigo en el último mes, tal vez porque no quiere asustarme con síntomas ambiguos.

Jornada de sol dulce y cielo límpido en este espléndido primer día de primavera.

Me escribe una amiga de Buenos Aires:

«Llegó el terror,
se huele desde la ventana
contundente como una flor cualquiera.»

22 de marzo

El vicepresidente de la Cruz Roja china, Yang Huichuan, llegó a Italia, acompañado por los doctores Liang Zongan y Xiao Ning, profesor de medicina pulmonar en el Hospital de Sichuan y subdirector del Centro Nacional para la Prevención, respectivamente. Cincuenta y ocho médicos expertos en enfermedades infecciosas llegaron de Cuba.

Hace pocos días, el Ministro de Economía alemán, Peter Altmaier, respondió a una solicitud de Trump excluyendo la posibilidad de la cesión de los derechos exclusivos sobre el desarrollo de una vacuna contra el coronavirus estudiado por una empresa privada en Tubinga. Según los avances publicados ayer por Die Welt, Estados Unidos había propuesto a la compañía farmacéutica alemana CureVac, que está desarrollando la vacuna, la cifra de mil millones de dólares para adquirir el derecho de industrializar y, por lo tanto, vender el producto en exclusividad una vez disponibles y terminadas las pruebas.

En exclusiva. America First. En el país de Trump, se multiplican en los últimos días las filas frente a los negocios de venta de armas. Además de whisky y papel higiénico, compran armas. Disciplinadamente, mantienen la distancia reglamentaria de un metro, de modo que las filas se pierden en el horizonte.

Mientras tanto, el Partido Demócrata derrota a Sanders y mata la esperanza de que se pueda cambiar el modelo que ha reducido la vida de este modo.

Y el 81% de los republicanos continúa apoyando a la bestia rubia Trump.

No sé qué sucederá después del fin del flagelo, sin embargo hay algo que me parece ver claro: la humanidad entera desarrollará en relación al pueblo estadounidense el mismo sentimiento que se extendió después de 1945 en relación al pueblo alemán: enemigos de la humanidad.

Estaba mal entonces, porque muchos alemanes antinazis habían sido perseguidos, asesinados, exiliados; y está mal ahora, porque millones de jóvenes estadounidenses apoyan al candidato socialista a la presidencia mientras, naturalmente, no termina de ser eliminado por la máquina del dinero y de los medios de comunicación.

Pero poco importa si está bien o mal. No es una cuestión política: el horror no se decide racionalmente, se siente involuntariamente. Horror por esa nación nacida del genocidio, la deportación y la esclavitud.

23 de marzo

El médico que ha tratado mis oídos durante quince años es un profesional de extraordinaria agudeza diagnóstica y es también un cirujano excepcional: me ha operado seis veces en diez años, y cada operación tuvo un resultado impecable, permitiéndome prolongar durante quince años mi capacidad auditiva. Hace unos años decidió abandonar el hospital público en el que operaba, y desde ese momento tuve que ir a una clínica privada para poder aprovechar su habilidad. Como no entendía por qué había tomado esa decisión, me dijo sin muchas vueltas: el sistema público está cerca del colapso a causa de los recortes debidos a la situación financiera.

Es por eso que el sistema de salud italiano está por el piso, es por eso que el diez por ciento de los médicos y paramédicos contrajeron la infección, es por eso que las unidades de terapia intensiva no son suficientes para tratar a todos los enfermos. Porque quienes gobernaron en las últimas décadas siguieron los consejos de criminales ideológicos como Giavazzi, Alesina y compañía [N. del T: Francesco Giavazzi y Alberto Alesina, economistas italianos, activos y mediáticos promotores del neoliberalismo y sus recetas de austeridad, privatizaciones y reformas estructurales] ¿Estos sinvergüenzas continuarán escribiendo sus editoriales? Si el coronavirus nos obligó a aceptar el arresto domiciliario para toda la población, ¿es demasiado pedir que estos individuos tengan inhabilitado el acceso a la palabra pública?

No sé si saldremos vivos de esta tempestad, pero en ese caso la palabra «privatización» deberá ser catalogada en el mismo registro en el que se encuentra la palabra «Endlösung» [N. del T.: Solución Final].

La devastación producida por esta crisis no deberá ser calculada en los términos de la economía financiera. Tendremos que evaluar los daños y las necesidades sobre la base de un criterio de utilidad. No debemos plantearnos el problema de hacer que cierren las cuentas del sistema financiero, sino que debemos proponernos garantizar a cada persona las cosas útiles que todos necesitamos.

¿A algunos no les gusta esta lógica porque les recuerda al comunismo? Bueno, si no existen palabras más modernas usaremos todavía esa, tal vez antigua pero siempre muy bella.

¿Dónde encontraremos los medios para afrontar la devastación? En las arcas de la familia Benetton, por ejemplo, en las arcas de aquellos que se aprovecharon de políticos serviles para apropiarse de bienes públicos transformándolos en instrumentos de enriquecimiento privado, y dejándolos decaer hasta el punto de matar a cuarenta personas que pasan por un puente genovés [N. del T.: la referencia es al derrumbe del puente Morandi en Génova, ocurrido el 14 de agosto de 2018, que tuvo como saldo a la fecha 43 muertes y el destape de una trama de desidia estatal y negociados privados. El mantenimiento del puente era responsabilidad del grupo Atlantia, manejado por la familia Benetton].

La devastación producida por esta crisis no deberá ser calculada en los términos de la economía financiera. Tendremos que evaluar los daños y las necesidades sobre la base de un criterio de utilidad. No debemos plantearnos el problema de hacer que cierren las cuentas del sistema financiero, sino que debemos proponernos garantizar a cada persona las cosas útiles que todos necesitamos.

En la revista Psychiatry On Line, Luigi D’Elia escribió un artículo titulado «La pandemia es como un Tratamiento de Salud Obligatorio». Recomiendo calurosamente su lectura, y me limito a una breve síntesis.

El TSO se practica cuando las condiciones psíquicas de una persona la vuelven peligrosa para sí misma o para otros, pero todo psiquiatra inteligente sabe bien que no es una terapia aconsejable; de hecho, no es realmente una terapia. D’Elia nos aconseja a todos los que estamos en reclusión transformar la actual condición preventiva obligatoria en una condición activamente terapéutica, pasando de TSO a TSV (Tratamiento de Salud Voluntario); decimos por lo tanto que debemos transformar nuestro estado de detención necesaria en un proceso de autoanálisis abierto al autoanálisis de otras personas.

Creo que esta es la sugerencia no solo psicológicamente más aguda, sino también políticamente más sagaz que leí hasta ahora. Transformemos la condición de reclusión en una asamblea de autoanálisis de masas. D’Elia sugiere algo más preciso: el objeto de la atención analítica debe ser esencialmente el miedo. «El miedo, si está bien enfocado, es el principal impulsor del cambio. Jung lo dice claramente: “donde hay miedo, ahí está la tarea”», escribe.

¿Qué objeto tiene el miedo?

Tiene más de uno: miedo a la enfermedad, miedo al tedio y miedo a lo que será el mundo cuando salgamos de casa.

Pero dado que el miedo es un motor de cambio, lo que debemos hacer es crear las condiciones para que el cambio sea consciente.

El tedio puede ser elaborado de una manera psicológicamente útil, porque, como dice también D’Elia, «el tedio no es la apatía. La apatía es resignación en la impotencia, es calma absoluta, inercia. El tedio es inquietud, es interiormente muy vital, es insatisfacción, intranquilidad. El tedio despotrica: no es aquí donde debería estar, ¡esto no es para nada lo que tengo que hacer! ¡Tengo que estar en otro lugar para hacer otra cosa!».

Catorce de veintiséis países europeos han decidido cerrar sus fronteras. ¿Qué queda de la Unión? Lo que queda de la Unión es el Eurogrupo que se reunió hoy para discutir las medidas a tomar para hacer frente al previsible colapso de la economía europea.

Se enfrentan dos tesis: la de los países más afectados por el virus, que piden poder hacer operaciones de gasto público no vinculadas al criminal pacto fiscal basado en el equilibrio presupuestario que la improvisada clase política italiana ha constitucionalizado.

Holandeses, alemanes y otros fanáticos responden que no, que se puede gastar pero solo a condición de hacer las reformas. ¿A qué se refieren? ¿Por ejemplo, a la reforma del sistema de salud, que reduzca aún más las unidades de terapia intensiva y los salarios de los trabajadores hospitalarios?

El fanático más fanático de todos me parece que es este lúgubre Dombrovskis [N. del T.: Valdis Dombrovskis, ex primer ministro de Letonia y actual vicepresidente de la Comisión Europea], que debería conseguirse un empleo en una funeraria, ya que tiene el physique du role y se trata de un sector del que, gracias a aquellos como él, cada vez hay más necesidad de sus servicios.

24 de marzo

Mientras que en Italia Confindustria [N. del T.: la Confederación General de la Industria Italiana, principal agrupamiento empresarial del país] se opone al cierre de las empresas no esenciales, es decir, sostienen la movilización diaria de millones de personas obligadas a exponerse al peligro de infección, la pregunta que está surgiendo es la de los efectos económicos de la pandemia. En la portada del New York Times, un editorial de Thomas Friedman lleva el muy elocuente título «Get America back to work – and fast». [Hagamos que América vuelva al trabajo, y rápido].

Todavía no se ha detenido nada, pero ya los fanáticos están preocupados por hacerlo rápido, por volver pronto a trabajar y, sobre todo, por volver a trabajar como antes.

Friedman (y Confindustria) tienen un excelente argumento a su favor: un bloqueo prolongado de las actividades productivas acarreará consecuencias inimaginables desde un punto de vista económico, organizativo e incluso político. Todos los peores escenarios pueden ocurrir en una situación en la que las mercancías comienzan a agotarse, en la que la desocupación se extiende, etc.

Por lo tanto, el argumento de Friedman debe ser considerado con la debida prudencia, y luego desestimado con habilidad. ¿Por qué? No solo por la obvia razón de que, si se detienen las actividades durante dos semanas y luego se regresa a la fábrica como antes, la epidemia se reanudará con una furia renovada que matará a millones de personas y devastará a la sociedad para siempre. Esta es solo una consideración marginal, desde mi punto de vista.

La consideración que me parece más importante (de la que tendremos que desarrollar sus implicaciones en las semanas y los meses próximos) es precisamente esta: no debemos volver nunca más a la normalidad.

La normalidad es lo que ha vuelto al organismo planetario tan frágil como para abrir el camino a la pandemia, para empezar.

Incluso antes de que estallara la pandemia, la palabra «extinción» había comenzado a despuntar en el horizonte del siglo. Incluso antes de la pandemia, el año 2019 había mostrado un impresionante crecimiento de colapsos ambientales y sociales que culminaron en noviembre en la pesadilla irrespirable de Nueva Delhi y en el terrible incendio de Australia.

Los millones de jóvenes que marcharon por las calles de muchas ciudades el 15 de marzo de 2019 para pedir la detención de la máquina de muerte ahora han obtenido algo: por primera vez las dinámicas del cambio climático se han interrumpido.

Tras un mes de lockdown, el aire padano se ha vuelto respirable. ¿A qué precio? A un precio altísimo que ahora se paga en vidas perdidas y en miedo desenfrenado, y que mañana se pagará con una depresión económica sin precedentes.

Pero este es el efecto de la normalidad capitalista. Volver a la normalidad capitalista sería una idiotez tan colosal que la pagaríamos con una aceleración de la tendencia a la extinción. Si el aire padano se ha vuelto respirable gracias al flagelo, sería una idiotez colosal reactivar la máquina que hace que el aire padano sea irrespirable, cancerígeno y, en última instancia, presa fácil de la próxima epidemia viral.

Este es el tema en el que debemos comenzar a pensar, rápida y desprejuiciadamente.

La pandemia no provoca una crisis financiera. Por supuesto, las bolsas de valores caen a pique y continuarán cayendo, y alguien propone cerrarlas (provisoriamente).

«Lo impensable» es el título de un artículo de Zachary Warmbrodt publicado en POLITICO, en el que se examina con terror la posibilidad de cerrar las bolsas.

Pero la realidad es mucho más radical que las hipótesis más radicales: las finanzas ya han cerrado, aun si las bolsas permanecen abiertas, y los especuladores ganan su dinero sucio apostando a la bancarrota y la catástrofe, como han hecho los senadores republicanos Barr y Lindsay.

La crisis que vendrá no tiene nada que ver con la de 2008, cuando el problema era generado por los desequilibrios de las matemáticas financieras. La depresión por venir depende de la intolerancia del capitalismo para el cuerpo humano y para la mente humana.

La crisis en curso no es una crisis. Es un Reset. Se trata de apagar la máquina y volver a encenderla después de un tiempo. Pero cuando la reiniciemos, podemos decidir que funcione como antes, con la consecuencia de encontrarnos de vuelta dentro de nuevas pesadillas. O podemos decidir reprogramarla, de acuerdo con la ciencia, la conciencia y la sensibilidad.

Cuando esta historia termine (y nunca terminará en cierto sentido, porque el virus podrá retroceder pero no desaparecer, y podremos inventar vacunas, pero los virus mutarán) entraremos de todos modos en un período de depresión extraordinaria. Si pretendemos volver a la normalidad, tendremos violencia, totalitarismo, masacres y la extinción de la raza humana para finales del siglo.

Esa normalidad no debe volver.

La crisis en curso no es una crisis. Es un Reset. Se trata de apagar la máquina y volver a encenderla después de un tiempo. Pero cuando la reiniciemos, podemos decidir que funcione como antes, con la consecuencia de encontrarnos de vuelta dentro de nuevas pesadillas. O podemos decidir reprogramarla, de acuerdo con la ciencia, la conciencia y la sensibilidad.

No debemos preguntarnos qué es bueno para las bolsas de valores, para la economía de la deuda y del lucro. Las finanzas se han ido a la mierda, ya no queremos oír hablar de ellas. Debemos preguntarnos qué es útil. La palabra «útil» debe ser el alfa y omega de la producción, de la tecnología y de la actividad.

Me doy cuenta de que estoy diciendo cosas que me exceden, pero debemos prepararnos para enfrentar decisiones fuera de serie. Y para estar listos cuando esta historia termine, es preciso comenzar a pensar en aquello que es útil, y en el modo en que es posible producirlo sin destruir el ambiente y el cuerpo humano.

Y también tenemos que pensar en la pregunta más delicada de todas: ¿quién decide?

Atención: cuando surge la pregunta ¿quién decide?, surge la pregunta ¿cuál es la fuente de la legitimidad?

Esta es la pregunta a partir de la cual comienzan las revoluciones.

Lo queramos o no, es la pregunta que tenemos que hacernos.

Original en Nero editions / Fuente: sangrre.com.ar
Traducción: Emilio Sadier

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* Ilustraciones pertenencientes al manga Akira de Katsuhiro Otomo.

CRÓNICA DE LA PSICODEFLACIÓN #1

CRÓNICA DE LA PSICODEFLACIÓN #1

imagen bolsa caída

Por Franco “Bifo” Berardi

You are the crown of creation
And you’ve got no place to go
[Eres la corona de la creación
y no tenés adónde ir.]

Jefferson Airplane, 1968

«La palabra es un virus. Quizás el virus de la gripe fue una vez una célula sana. Ahora es un organismo parasitario que invade y daña el sistema nervioso central. El hombre moderno ya no conoce el silencio. Intenta detener el discurso subvocal. Experimenta diez segundos de silencio interior. Te encontrarás con un organismo resistente te impone hablar. Ese organismo es la palabra.»

William Burroughs, El boleto que explotó

21 de febrero

Al regresar de Lisboa, una escena inesperada en el aeropuerto de Bolonia. En la entrada hay dos humanos completamente cubiertos con un traje blanco, con un casco luminiscente y un aparato extraño en sus manos. El aparato es una pistola termómetro de altísima precisión que emite luces violetas por todas partes.
Se acercan a cada pasajero, lo detienen, apuntan la luz violeta a su frente, controlan la temperatura y luego lo dejan ir.
Un presentimiento: ¿estamos atravesando un nuevo umbral en el proceso de mutación tecnopsicótica?

28 de febrero

Desde que volví de Lisboa, no puedo hacer otra cosa: compré unos veinte lienzos de pequeñas proporciones, y los pinto con pintura de colores, fragmentos fotográficos, lápices, carbonilla. No soy pintor, pero cuando estoy nervioso, cuando siento que está sucediendo algo que pone a mi cuerpo en vibración dolorosa, me pongo a garabatear para relajarme.
La ciudad está silenciosa como si fuera Ferragosto. Las escuelas cerradas, los cines cerrados. No hay estudiantes alrededor, no hay turistas. Las agencias de viajes cancelan regiones enteras del mapa. Las convulsiones recientes del cuerpo planetario quizás estén provocando un colapso que obligue al organismo a detenerse, a ralentizar sus movimientos, a abandonar los lugares abarrotados y las frenéticas negociaciones cotidianas. ¿Y si esta fuera la vía de salida que no conseguíamos encontrar, y que ahora se nos presenta en forma de una epidemia psíquica, de un virus lingüístico generado por un biovirus?

La Tierra ha alcanzado un grado de irritación extremo, y ​​el cuerpo colectivo de la sociedad padece desde hace tiempo un estado de stress intolerable: la enfermedad se manifiesta en este punto, modestamente letal, pero devastadora en el plano social y psíquico, como una reacción de autodefensa de la Tierra y del cuerpo planetario. Para las personas más jóvenes, es solo una gripe fastidiosa.
Lo que provoca pánico es que el virus escapa a nuestro saber: no lo conoce la medicina, no lo conoce el sistema inmunitario. Y lo ignoto de repente detiene la máquina. Un virus semiótico en la psicósfera bloquea el funcionamiento abstracto de la economía, porque sustrae de ella los cuerpos. ¿Quieren verlo?
aeropuerto desierto

2 de marzo

Un virus semiótico en la psicósfera bloquea el funcionamiento abstracto de la máquina, porque los cuerpos ralentizan sus movimientos, renuncian finalmente a la acción, interrumpen la pretensión de gobierno sobre el mundo y dejan que el tiempo retome su flujo en el que nadamos pasivamente, según la técnica de natación llamada «hacerse el muerto». La nada se traga una cosa tras otra, pero mientras tanto la ansiedad de mantener unido el mundo que mantenía unido al mundo se ha disuelto.
No hay pánico, no hay miedo, sino silencio. Rebelarse se ha revelado inútil, así que detengámonos.
¿Cuánto está destinado a durar el efecto de esta fijación psicótica que ha tomado el nombre de coronavirus? Dicen que la primavera matará al virus, pero por el contrario podría exaltarlo. No sabemos nada al respecto, ¿cómo podemos saber qué temperatura prefiere? Poco importa cuán letal sea la enfermedad: parece serlo modestamente, y esperamos que se disipe pronto.
Pero el efecto del virus no es tanto el número de personas que debilita o el pequeñísimo número de personas que mata. El efecto del virus radica en la parálisis relacional que propaga. Hace tiempo que la economía mundial ha concluido su parábola expansiva, pero no conseguíamos aceptar la idea del estancamiento como un nuevo régimen de largo plazo. Ahora el virus semiótico nos está ayudando a la transición hacia la inmovilidad.
¿Quieren verlo?

3 de marzo

¿Cómo reacciona el organismo colectivo, el cuerpo planetario, la mente hiperconectada sometida durante tres décadas a la tensión ininterrumpida de la competencia y de la hiperestimulación nerviosa, a la guerra por la supervivencia, a la soledad metropolitana y a la tristeza, incapaz de liberarse de la resaca que roba la vida y la transforma en estrés permanente, como un drogadicto que nunca consigue alcanzar a la heroína que sin embargo baila ante sus ojos, sometido a la humillación de la desigualdad y de la impotencia?
En la segunda mitad de 2019, el cuerpo planetario entró en convulsión. De Santiago a Barcelona, ​​de París a Hong Kong, de Quito a Beirut, multitudes de muy jóvenes salieron a la calle, por millones, rabiosamente. La revuelta no tenía objetivos específicos, o más bien tenía objetivos contradictorios. El cuerpo planetario estaba preso de espasmos que la mente no sabía guiar. La fiebre creció hasta el final del año Diecinueve.
Entonces Trump asesina a Soleimani, en la celebración de su pueblo. Millones de iraníes desesperados salen a las calles, lloran, prometen una venganza estrepitosa. No pasa nada, bombardean un patio. En medio del pánico, derriban un avión civil. Y entonces Trump gana todo, su popularidad aumenta: los estadounidenses se excitan cuando ven la sangre, los asesinos siempre han sido sus favoritos. Mientras tanto, los demócratas comienzan las elecciones primarias en un estado de división tal que solo un milagro podría conducir a la nominación del buen anciano Sanders, única esperanza de una victoria improbable.
Entonces, nazismo trumpista y miseria para todos y sobreestimulación creciente del sistema nervioso planetario. ¿Es esta la moraleja de la fábula?
Pero he aquí la sorpresa, el giro, lo imprevisto que frustra cualquier discurso sobre lo inevitable. Lo imprevisto que hemos estado esperando: la implosión. El organismo sobreexcitado del género humano, después de décadas de aceleración y de frenesí, después de algunos meses de convulsiones sin perspectivas, encerrado en un túnel lleno de rabia, de gritos y de humo, finalmente se ve afectado por el colapso: se difunde una gerontomaquia que mata principalmente a los octogenarios, pero bloquea, pieza por pieza, la máquina global de la excitación, del frenesí, del crecimiento, de la economía…
El capitalismo es una axiomática, es decir, funciona sobre la base de una premisa no comprobada (la necesidad del crecimiento ilimitado que hace posible la acumulación de capital). Todas las concatenaciones lógicas y económicas son coherentes con ese axioma, y ​​nada puede concebirse o intentarse por fuera de ese axioma. No existe una salida política de la axiomática del Capital, no existe un lenguaje capaz de enunciar el exterior del lenguaje, no hay ninguna posibilidad de destruir el sistema, porque todo proceso lingüístico tiene lugar dentro de esa axiomática que no permite la posibilidad de enunciados eficaces extrasistémicos. La única salida es la muerte, como aprendimos de Baudrillard.
Solo después de la muerte se podrá comenzar a vivir. Después de la muerte del sistema, los organismos extrasistémicos podrán comenzar a vivir. Siempre que sobrevivan, por supuesto, y no hay certeza al respecto.
La recesión económica que se está preparando podrá matarnos, podrá provocar conflictos violentos, podrá desencadenar epidemias de racismo y de guerra. Es bueno saberlo. No estamos preparados culturalmente para pensar el estancamiento como condición de largo plazo, no estamos preparados para pensar la frugalidad, el compartir. No estamos preparados para disociar el placer del consumo.

4 de marzo

¿Esta es la vencida? No sabíamos cómo deshacernos del pulpo, no sabíamos cómo salir del cadáver del Capital; vivir en ese cadáver apestaba la existencia de todos, pero ahora el shock es el preludio de la deflación psíquica definitiva. En el cadáver del Capital estábamos obligados a la sobreestimulación, a la aceleración constante, a la competencia generalizada y a la sobreexplotación con salarios decrecientes. Ahora el virus desinfla la burbuja de la aceleración.
Hace tiempo que el capitalismo se encontraba en un estado de estancamiento irremediable. Pero seguía fustigando a los animales de carga que somos, para obligarnos a seguir corriendo, aunque el crecimiento se había convertido en un espejismo triste e imposible.
La revolución ya no era pensable, porque la subjetividad está confusa, deprimida, convulsiva, y el cerebro político no tiene ya ningún control sobre la realidad. Y he aquí entonces una revolución sin subjetividad, puramente implosiva, una revuelta de la pasividad, de la resignación. Resignémonos. De repente, esta parece una consigna ultrasubversiva. Basta con la agitación inútil que debería mejorar y en cambio solo produce un empeoramiento de la calidad de la vida. Literalmente: no hay nada más que hacer. Entonces no lo hagamos.
Es difícil que el organismo colectivo se recupere de este shock psicótico-viral y que la economía capitalista, ahora reducida a un estancamiento irremediable, retome su glorioso camino. Podemos hundirnos en el infierno de una detención tecno-militar de la que solo Amazon y el Pentágono tienen las llaves. O bien podemos olvidarnos de la deuda, el crédito, el dinero y la acumulación.
Lo que no ha podido hacer la voluntad política podría hacerlo la potencia mutágena del virus. Pero esta fuga debe prepararse imaginando lo posible, ahora que lo impredecible ha desgarrado el lienzo de lo inevitable.

5 de marzo

Se manifiestan los primeros signos de hundimiento del sistema bursátil y de la economía, los expertos en temas económicos observan que esta vez, a diferencia de 2008, las intervenciones de los bancos centrales u otros organismos financieros no serán de mucha utilidad.
Por primera vez, la crisis no proviene de factores financieros y ni siquiera de factores estrictamente económicos, del juego de la oferta y la demanda. La crisis proviene del cuerpo.
Es el cuerpo el que ha decidido bajar el ritmo. La desmovilización general del coronavirus es un síntoma del estancamiento, incluso antes de ser una causa del mismo.
Cuando hablo de cuerpo me refiero a la función biológica en su conjunto, me refiero al cuerpo físico que se enferma, aunque de una manera bastante leve –pero también y sobre todo me refiero a la mente, que por razones que no tienen nada que ver con el razonamiento, con la crítica, con la voluntad, con la decisión política, ha entrado en una fase de pasivización profunda.
Cansada de procesar señales demasiado complejas, deprimida después de la excesiva sobreexcitación, humillada por la impotencia de sus decisiones frente a la omnipotencia del autómata tecnofinanciero, la mente ha disminuido la tensión. No es que la mente haya decidido algo: es la caída repentina de la tensión que decide por todos. Psicodeflación.

6 de marzo

Naturalmente, se puede argumentar exactamente lo contrario de lo que dije: el neoliberalismo, en su matrimonio con el etnonacionalismo, debe dar un salto en el proceso de abstracción total de la vida. He aquí, entonces, el virus que obliga a todos a quedarse en casa, pero no bloquea la circulación de las mercancías. Aquí estamos en el umbral de una forma tecnototalitaria en la que los cuerpos serán para siempre repartidos, controlados, mandados a distancia.
En Internazionale se publica un artículo de Srecko Horvat (traducción de New Statesman).
Según Horvat, «el coronavirus no es una amenaza para la economía neoliberal, sino que crea el ambiente perfecto para esa ideología. Pero desde un punto de vista político el virus es un peligro, porque una crisis sanitaria podría favorecer el objetivo etnonacionalista de reforzar las fornteras y esgrimir la exclusividad racial, de interrumpir la libre circulación de personas (especialmente si provienen de países en vías de desarrollo) pero asegurando una circulación incontrolada de bienes y capitales.
«El miedo a una pandemia es más peligroso que el propio virus. Las imágenes apocalípticas de los medios de comunicación ocultan un vínculo profundo entre la extrema derecha y la economía capitalista. Como un virus que necesita una célula viva para reproducirse, el capitalismo también se adaptará a la nueva biopolítica del siglo XXI.
«El nuevo coronavirus ya ha afectado a la economía global, pero no detendrá la circulación y la acumulación de capital. En todo caso, pronto nacerá una forma más peligrosa de capitalismo, que contará con un mayor control y una mayor purificación de las poblaciones».
Naturalmente, la hipótesis formulada por Horvat es realista.
Pero creo que esta hipótesis más realista no sería realista, porque subestima la dimensión subjetiva del colapso y los efectos a largo plazo de la deflación psíquica sobre el estancamiento económico.
El capitalismo pudo sobrevivir al colapso financiero de 2008 porque las condiciones del colapso eran todas internas a la dimensión abstracta de la relación entre lenguaje, finanzas y economía. No podrá sobrevivir al colapso de la epidemia porque aquí entra en juego un factor extrasistémico.

graffitti

7 de marzo

Me escribe Alex, mi amigo matemático: «Todos los recursos superinformáticos están comprometidos para encontrar el antídoto al corona. Esta noche soñé con la batalla final entre el biovirus y los virus simulados. En cualquier caso, el humano ya está fuera, me parece».
La red informática mundial está dando caza a la fórmula capaz de enfrentar el infovirus contra el biovirus. Es necesario decodificar, simular matemáticamente, construir técnicamente el corona-killer, para luego difundirlo.
Mientras tanto, la energía se retira del cuerpo social, y la política muestra su impotencia constitutiva. La política es cada vez más el lugar del no poder, porque la voluntad no tiene control sobre el infovirus.
El biovirus prolifera en el cuerpo estresado de la humanidad global.
Los pulmones son el punto más débil, al parecer. Las enfermedades respiratorias se han propagado durante años en proporción a la propagación en la atmósfera de sustancias irrespirables. Pero el colapso ocurre cuando, al encontrarse con el sistema mediático, entrelazándose con la red semiótica, el biovirus ha transferido su potencia debilitante al sistema nervioso, al cerebro colectivo, obligado a ralentizar sus ritmos.

8 de marzo

Durante la noche, el Primer Ministro Conte ha comunicado la decisión de poner en cuarentena a una cuarta parte de la población italiana. Piacenza, Parma, Reggio y Modena están en cuarentena. Bolonia no. Por el momento.
En los últimos días hablé con Fabio, hablé con Lucia, y habíamos decidido reunirnos esta noche para cenar. Lo hacemos de vez en cuando, nos vemos en algún restaurante o en casa de Fabio. Son cenas un poco tristes incluso si no nos lo decimos, porque los tres sabemos que se trata del residuo artificial de lo que antes sucedía de manera completamente natural varias veces a la semana, cuando nos reuníamos con mamá.
Ese hábito de encontrarnos a almorzar (o, más raramente, a cenar) de mamá había permanecido, a pesar de todos los eventos, los movimientos, los cambios, después de la muerte de papá: nos encontrábamos a almorzar con mamá cada vez que era posible.
Cuando mi madre se encontró incapaz de preparar el almuerzo, ese hábito terminó. Y poco a poco, la relación entre nosotros tres ha cambiado. Hasta entonces, a pesar de que teníamos sesenta años, habíamos seguido viéndonos casi todos los días de una manera natural, habíamos seguido ocupando el mismo lugar en la mesa que ocupábamos cuando teníamos diez años. Alrededor de la mesa se daban los mismos rituales. Mamá estaba sentada junto a la estufa porque esto le permitía seguir ocupándose de la cocina mientras comía. Lucía y yo hablábamos de política, más o menos como hace cincuenta años, cuando ella era maoísta y yo era obrerista.
Este hábito terminó cuando mi madre entró en su larga agonía.
Desde entonces tenemos que organizarnos para cenar. A veces vamos a un restaurante asiático ubicado colinas abajo, cerca del teleférico en el camino que lleva a Casalecchio, a veces vamos al departamento de Fabio, en el séptimo piso de un edificio popular pasando el puente largo, entre Casteldebole y Borgo Panigale. Desde la ventana se pueden ver los prados que bordean el río, y a lo lejos se ve el cerro de San Luca y a la izquierda se ve la ciudad.
Entonces, en los últimos días habíamos decidido vernos esta noche para cenar. Yo tenía que llevar el queso y el helado, Cristina, la esposa de Fabio, había preparado la lasaña.
Todo cambió esta mañana, y por primera vez –ahora me doy cuenta– el coronavirus entró en nuestra vida, ya no como un objeto de reflexión filosófica, política, médica o psicoanalítica, sino como un peligro personal.
Primero fue una llamada de Tania, la hija de Lucía que desde hace un tiempo vive en Sasso Marconi con Rita.
Tania me telefoneó para decirme: escuché que vos, mamá y Fabio quieren cenar juntos, no lo hagas. Estoy en cuarentena porque una de mis alumnas (Tania enseña yoga) es doctora en Sant’Orsola y hace unos días el hisopado le dio positivo. Tengo un poco de bronquitis, por lo que decidieron hacerme el análisis también, a la espera del informe no puedo moverme de casa. Yo le respondí haciéndome el escéptico, pero ella fue implacable y me dijo algo bastante impresionante, que todavía no había pensado.
Me dijo que la tasa de transmisibilidad de una gripe común es de cero punto veintiuno, mientras que la tasa de transmisibilidad del coronavirus es de cero punto ochenta. Para ser claros: en el caso de una gripe normal, hay que encontrarse con quinientas personas para contraer el virus, en el caso del corona basta con encontrarse con ciento veinte. Interesante.
Luego, ella, que parece estar informadísima porque fue a hacerse el hisopado y por lo tanto habló con los que están en la primera línea del frente de contagio, me dice que la edad promedio de los muertos es de ochenta y un años.
Bueno, ya lo sospechaba, pero ahora lo sé. El coronavirus mata a los viejos, y en particular mata a los viejos asmáticos (como yo).
En su última comunicación, Giuseppe Conte, quien me parece una buena persona, un presidente un poco por casualidad que nunca ha dejado de tener el aire de alguien que tiene poco que ver con la política, dijo: «pensemos en salud de nuestros abuelos». Conmovedor, dado que me encuentro en el papel incómodo del abuelo a proteger.
Habiendo abandonado el traje del escéptico, le dije a Tania que le agradecía y que seguiría sus recomendaciones. Llamé a Lucia, hablamos un poco y decidimos posponer la cena.
Me doy cuenta de que me metí en un clásico doble vínculo batesoniano. Si no llamo por teléfono para cancelar la cena, me pongo en posición de ser un huésped físico, de poder ser portador de un virus que podría matar a mi hermano. Si, por otro lado, llamo, como estoy haciendo, para cancelar la cena, me pongo en la posición de ser un huésped psíquico, es decir, de propagar el virus del miedo, el virus del aislamiento.
¿Y si esta historia dura mucho tiempo?

9 de marzo

El problema más grave es el de la sobrecarga a la que está sometido el sistema de salud: las unidades de terapia intensiva están al borde del colapso. Existe el peligro de no poder curar a todos los que necesitan una intervención urgente, se habla de la posibilidad de elegir entre pacientes que pueden ser curados y pacientes que no pueden ser curados.
En los últimos diez años, se recortaron 37 mil millones del sistema de salud pública, redujeron las unidades de cuidados intensivos y el número de médicos generales disminuyó drásticamente.
Según el sitio quotidianosanità.it, «en 2007 el Servicio Sanitario Nacional público podía contar con 334 Departamentos de emergencia-urgencia (Dea) y 530 de primeros auxilios. Pues bien, diez años después la dieta ha sido drástica: 49 Dea fueron cerrados (-14%) y 116 primeros auxilios ya no existen (-22%). Pero el recorte más evidente está en las ambulancias, tanto las del Tipo A (emergencia) como las del Tipo B (transporte sanitario). En 2017 tenemos que las Tipo A fueron reducidas un 4% en comparación con diez años antes, mientras que las de Tipo B fueron reducidas a la mitad (-52%). También es para tener en cuenta cómo han disminuido drásticamente las ambulancias con médico a bordo: en 2007, el médico estaba presente en el 22% de los vehículos, mientras que en 2017 solo en el 14,7%. Las unidades móviles de reanimación también se redujeron en un 37% (eran 329 en 2007, son 205 en 2017). El ajuste también ha afectado a los hogares de ancianos privados que, en cualquier caso, tienen muchas menos estructuras y ambulancias que los hospitales públicos.
«A partir de los datos se puede ver cómo ha habido una contracción progresiva de las camas a escala nacional, mucho más evidente y relevante en el número de camas públicas en comparación con la proporción de camas administradas de forma privada: el recorte de 32.717 camas totales en siete años remite principalmente al servicio público, con 28.832 camas menos que en 2010 (-16,2%), en comparación con 4.335 camas menos que el servicio privado (-6,3%)».

10 de marzo

«Somos olas del mismo mar, hojas del mismo árbol, flores del mismo jardín».
Esto está escrito en las docenas de cajas que contienen barbijos que llegan de China. Estos mismos barbijos que Europa nos ha rechazado.

11 de marzo

No fui a via Mascarella, como generalmente hago el 11 de marzo de cada año. Nos reencontramos frente a la lápida que conmemora la muerte de Francesco Lorusso, alguien pronuncia un breve discurso, se deposita una corona de flores o bien una bandera de Lotta Continua que alguien ha guardado en el sótano, y nos abrazamos, nos besamos abrazándonos fuerte.
Esta vez no tenía ganas de ir, porque no me gustaría decirle a ninguno de mis viejos compañeros que no podemos abrazarnos.
Llegan de Wuhan fotos de personas celebrando, todas rigurosamente con el barbijo verde. El último paciente con coronavirus fue dado de alta de los hospitales construidos rápidamente para contener la afluencia.
En el hospital de Huoshenshan, la primera parada de su visita, Xi elogió a médicos y enfermeras llamándolos «los ángeles más bellos» y «los mensajeros de la luz y la esperanza». Los trabajadores de salud de primera línea han asumido las misiones más arduas, dijo Xi, llamándolos «las personas más admirables de la nueva era, que merecen los mayores elogios».
Hemos entrado oficialmente en la era biopolítica, en la que los presidentes no pueden hacer nada, y solo los médicos pueden hacer algo, aunque no todo.

12 de marzo

Italia. Todo el país entra en cuarentena. El virus corre más rápido que las medidas de contención.
Billi y yo nos ponemos el barbijo, tomamos la bicicleta y vamos de compras. Solo las farmacias y los mercados de alimentos pueden permanecer abiertos. Y también los quioscos, compramos los diarios. Y las tabaquerías. Compro papel de seda, pero el hachís escasea en su caja de madera. Pronto estaré sin droga, y en Piazza Verdi ya no está ninguno de los muchachos africanos que venden a los estudiantes.
Trump usó la expresión «foreign virus» [virus extrajero].
All viruses are foreign by definition, but the President has not read William Burroughs [Todos los virus son extranjeros por definición, pero el presidente no ha leído a William Burroughs].

13 de marzo

En Facebook hay un tipo ingenioso que posteó en mi perfil la frase: «hola Bifo, abolieron el trabajo».
En realidad, el trabajo es abolido solo para unos pocos. Los obreros de las industrias están en pie de guerra porque tienen que ir a la fábrica como siempre, sin máscaras u otras protecciones, a medio metro de distancia uno del otro.
El colapso, luego las largas vacaciones. Nadie puede decir cómo saldremos de esta.
Podríamos salir, como alguno predice, bajo las condiciones de un estado tecno-totalitario perfecto. En el libro Black Earth, Timothy Snyder explica que no hay mejor condición para la formación de regímenes totalitarios que las situaciones de emergencia extrema, donde la supervivencia de todos está en juego.
El SIDA creó la condición para un adelgazamiento del contacto físico y para el lanzamiento de plataformas de comunicación sin contacto: Internet fue preparada por la mutación psíquica denominada SIDA.
Ahora podríamos muy bien pasar a una condición de aislamiento permanente de los individuos, y la nueva generación podría internalizar el terror del cuerpo de los otros.
¿Pero qué es el terror?
El terror es una condición en la cual lo imaginario domina completamente la imaginación. Lo imaginario es la energía fósil de la mente colectiva, las imágenes que en ella la experiencia ha depositado, la limitación de lo imaginable. La imaginación es la energía renovable y desprejuiciada. No utopía, sino recombinación de los posibles.
Existe una divergencia en el tiempo que viene: podríamos salir de esta situación imaginando una posibilidad que hasta ayer parecía impensable: redistribución del ingreso, reducción del tiempo de trabajo. Igualdad, frugalidad, abandono del paradigma del crecimiento, inversión de energías sociales en investigación, en educación, en salud.
No podemos saber cómo saldremos de la pandemia cuyas condiciones fueron creadas por el neoliberalismo, por los recortes a la salud pública, por la hiperexplotación nerviosa. Podríamos salir de ella definitivamente solos, agresivos, competitivos.
Pero, por el contrario, podríamos salir de ella con un gran deseo de abrazar: solidaridad social, contacto, igualdad.
El virus es la condición de un salto mental que ninguna prédica política habría podido producir. La igualdad ha vuelto al centro de la escena. Imaginémosla como el punto de partida para el tiempo que vendrá.

Original en Nero editions / Fuente: sangrre.com.ar
Traducción: Emilio Sadier

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EL DESASTROSO CICLO NEOLIBERAL SE ESTÁ ACABANDO

EL DESASTROSO CICLO NEOLIBERAL SE ESTÁ ACABANDO

En un breve análisis de los levantamientos sociales que se han producido recientemente desde Chile hasta Hong Kong, el filósofo Franco “Bifo” Berardi lee la posibilidad del fin del capitalismo y la violencia financiera.

 

25/10/2019

El largo ciclo neoliberal se está acabando con sangre y violencia como con sangre y violencia comenzó. Se caracterizó con la devastación sistemática del medio-ambiente, empobrecimiento de la vida social, reducción del salario, precarización del trabajo, privatización del servicio público y el incentivo de la guerra de todos contra todos.

Este ciclo comenzó en 1973, cuando la ideología neoliberal norteamericana usó al asesino llamado Pinochet para destruir el experimento democrático de Salvador Allende, electo por la mayoría de su pueblo y asesinado por fascistas en interés de la economía del “profit”.

El liberalismo global, que se presenta bajo restos humanitarios y democráticos, se afirmó gracias a la dictadura militar y la violencia autoritaria. En los años de Thatcher y Reagan, la contrarrevolución experimentada en Chile y en Argentina se generalizo en todo el Occidente como violencia económica y represión de cualquier intento de defensa de la sociedad.

No debemos olvidar que el resto de la filosofía del neoliberalismo es fundado esencialmente por los mismos principios que se funda el nazismo hitleriano: selección natural, imposición de la ley del más fuerte en la esfera social, eliminación de cualquier diferencia entre la sociedad y la jungla.

Esta filosofía nazi-liberal se impone en el mundo a través de la eliminación de los trabajadores de vanguardia, la re-estructuración técnica de la producción, la privatización de la escuela, del sistema de salud, del transporte público y a través de la ocupación privada de los medios.

Cuarenta años de violencia nazi-liberal han conducido al desmantelamiento del edificio de la democracia, al desabastecimiento de los recursos físicos del planeta, al cambio climático, a la propagación masiva de psicopatologías agresivas, a veces suicidas. Pero en los últimos días comenzamos a observar que de Chile, donde esta locura nazi-liberal comenzó, pronto podría iniciar su colapso.

En las últimas semanas hemos sido testigos de una explosión distinta de protestas, no homogéneas, e incluso contradictorias en las formas y objetivos: la insurrección ecuatoriana, las marchas de los jóvenes en Hong Kong, la onda masiva de protesta contra el centralismo español en Cataluña, la resistencia armada del pueblo curdo contra el fascismo genocida turco.

Ahora la sublevación de los estudiantes y de los trabajadores chilenos se inicia como una protesta contra el aumento del precio del transporte urbano y se transforma en una crítica práctica y masiva de la violencia financiera y llama a los estudiantes y los trabajadores del mundo entero a salir a la calle con los chicos que todos los viernes marchan contra el cambio climático.

El capitalismo es un cadáver en el que estamos atrapados: esto debilita el potencial de invención del progreso solidario.

Se nos dice que no hay alternativas para el capitalismo: en este caso deberíamos prepararnos para la guerra, el apocalipsis ambiental y la extinción cada vez más probable de la raza humana. Pero, en verdad, la posibilidad existe: se basa en superar la obsesión económica del crecimiento, la redistribución de recursos, la reducción del tiempo de trabajo asalariado, y en la extensión del tiempo de actividad libre (enseñanza, terapia, acción solidaria).

En todos los países del mundo deberíamos expresar solidaridad a los insurgentes chilenos, ecuatorianos, hongkoneses, pero sobretodo deberíamos prepararnos para salir a la calle, detener la actividad laboral y la circulación de transito urbano, y atacar al centro del poder económico y financiero y construir la estructura para la reconversión ecológica y social que la humanidad urgentemente necesita.

Quizás ahora sea el momento, largamente esperado, para dar el golpe final a este modo de producción que produce muerte: atacándolo sin respiro en todos los lugares.

Apoyemos a los insurgentes que no se rinden y luchan contra los privilegios. La revuelta chilena llama a la solidaridad internacional contra el genocidio, para que se termine el tiempo de horror e indignidad y comience una era digna de ser vivida.

 

*Agradecemos a Matías Romano Aleman (@matiasromanoaleman) por la traducción del artículo original, “Il disastroso ciclo neoliberalista si sta esaurendo”, que puede encontrarse en www.alganews.it.

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EL CÓDIGO DEL DINERO Y LA AUTOMATIZACIÓN

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Compartimos un capítulo de Futurabilidad. La era de la impotencia y el horizonte de la posibilidad, de Franco “Bifo” Berardi.

La ideología neoliberal insiste en entronizar la desregulación como máxima expresión de una cultura de la libertad. Nada más lejos de la verdad. Desde los años ochenta, es posible advertir dos procesos simultáneos: el primero es la abolición o el debilitamiento de las limitaciones legales a la actividad empresarial, en particular a la de las corporaciones globales, que han ido desplazando sus inversiones de las áreas del mundo con mayor regulación a otras más desreguladas. Pero esta libertad de las empresas globales, en general, ha sido la causa del empeoramiento de las condiciones de vida y del salario de los trabajadores, como así también de la destrucción del entorno natural y urbano.

Por otra parte, la desregulación económica no ha supuesto una mayor libertad para los ciudadanos, no al menos para los ciudadanos trabajadores. Poco a poco las restricciones se han desplazado del dominio legal al ámbito lingüístico, especialmente al tecnolenguaje de las finanzas y los criptocontratos. La ética financiera no es una cuestión de leyes, reglas morales o mandatos políticos; antes bien, es algo inscripto en un conjunto de reglas técnicas que es preciso seguir para poder acceder al sistema.

La ubicuidad cada vez más extendida del dinero en la esfera económica constituye el rasgo distintivo del capitalismo financiero de nuestra época, al que cabría denominar semiocapital, ya que en él los signos adquieren el lugar más destacado dentro del proceso de producción. El dinero sin duda es un signo, y uno que tiene una historia. Mientras que en el capitalismo industrial del pasado era un signo referencial, encargado de representar una determinada  cantidad de cosas físicas, hoy es un signo autorreferencial que ha adquirido el poder de movilizar y desmantelar las fuerzas sociales de producción. Desde el fin del régimen del intercambio monetario fijo, el juego arbitrario de la especulación financiera ha conquistado un lugar central en la economía global. La consecuencia de ello es que todas las relaciones entre las cosas se vuelven aleatorias y todas las relaciones entre las personas, precarias. En simultáneo, el ámbito financiero creció hasta convertirse en la fuerza general de inscripción de una forma automática abstracta de regular la vida social. La dinámica de la deuda, en particular, ha penetrado en la sociedad hasta terminar subyugándola, obligando a las personas a interactuar con el sistema bancario y a aceptar el lenguaje de las inversiones.

En determinado momento, sobre todo en vísperas del colapso financiero de septiembre de 2008, muchas personas que, como yo, no tenemos ningún interés especial por la ciencia financiera nos vimos obligadas a tratar de entender las palabas incomprensibles que balbuceaban los agentes financieros, en un último intento por resistir la agresión que la abstracción financiera había causado en nuestras vidas concretas.

“El ámbito financiero creció hasta convertirse en la fuerza general de inscripción de una forma automática abstracta de regular la vida social. La dinámica de la deuda, en particular, ha penetrado en la sociedad hasta terminar subyugándola, obligando a las personas a interactuar con el sistema bancario y a aceptar el lenguaje de las inversiones.”

A comienzos del nuevo siglo, la crisis de la burbuja puntocom disolvió cualquier espejismo de que fuera posible establecer una alianza entre los trabajadores cognitivos y los capitales de riesgo que a principios de los años noventa habían permitido la creación y la proliferación de la red. Tras esta primera crisis de la economía virtual en el año 2000, los desempoderados trabajadores cognitivos ingresaron al ciclo de la precarización. De allí en más, la sociedad en su conjunto se vio atacada por la amenaza de una deuda metafísica.

Esto escribe Jean Baudrillard a fines de los años noventa:

[La] deuda jamás será devuelta. Ninguna deuda será devuelta. Las cuentas definitivas jamás tendrán lugar. Si el tiempo nos es contabilizado, los capitales ausentes están, en cambio, más allá de toda contabilidad. Si los Estados Unidos se encuentran ya en ruptura virtual de pago, ello no tendrá consecuencia alguna: no habrá Juicio Final para esta bancarrota virtual. Basta con pasar al plano exponencial o a la virtualidad para quedar libre de toda responsabilidad al no haber ya referentes, ningún mundo referencial con el cual medirse.[1]

Esta predicción resultó errada: la orbitalización de la deuda fracasó. La deuda que solía flotar a nuestro alrededor ha caído y hoy asola a la economía. Con el propósito de enfrentar  esta desorbitalización de la deuda, la clase financiera multiplicó sus intentos de crear valor de la nada. Pero, para ello, redujo a la nada los productos del trabajo social. A medida que la sociedad paga la deuda metafísica, una suerte de agujero negro va devorando toda la riqueza producida durante los últimos doscientos años, en particular en Europa. El mercado de derivados de crédito es el lugar en el que se produce el reemplazo de la producción por la destrucción. Desde los años ochenta, cuando los “futuros” se convirtieron en un lugar común dentro de los mercados desregulados, los agentes financieros comenzaron a invertir su dinero de manera paradójica: si ganan, cobran dinero; si pierden, cobran más dinero de los seguros de permuta por incumplimiento crediticio y otros trucos financieros semejantes.

El viejo modelo de acumulación industrial se basaba en el ciclo D-M-D (Dinero-Mercancía-más Dinero). El nuevo modelo de acumulación financiera se basa en el ciclo D-D-D (Dinero-Depredación-más Dinero), que a su vez implica lo siguiente: Dinero-Empobrecimiento social-más Dinero. Este es el origen del agujero negro que con gran velocidad consume el legado del trabajo industrial y las propias estructuras de la civilización moderna. Como un imán y un destructor del futuro, el capitalismo financiero se apodera de la energía y los recursos, transformándolos en una abstracción monetaria: es decir, en nada. En 2008, tras el derrumbe del mercado de derivados de crédito estadounidense y la quiebra de Lehmann Brothers, se declaró una emergencia financiera. Como consecuencia de ello, se obligó a la sociedad a pagar los temerarios costos causados por la dinámica financiera.

“El viejo modelo de acumulación industrial se basaba en el ciclo D-M-D (Dinero-Mercancía-más Dinero). El nuevo modelo de acumulación financiera se basa en el ciclo D-D-D (Dinero-Depredación-más Dinero), que a su vez implica lo siguiente: Dinero-Empobrecimiento social-más Dinero.”

LENGUAJE Y DINERO 

La autorreferencialidad del sistema monetario es una condición que impone la actual transformación de la economía en un sistema eminentemente financiero. De hecho, la acumulación financiera se basa ante todo en la automatización de la relación entre los algoritmos financieros y la dinámica de producción e intercambio. La función financiera (dependiente, alguna vez, de los intereses generales del capitalismo) se ha convertido en el lenguaje automatizado de la economía, una sobrecodificación que subyuga la esfera de la realidad (la producción y el intercambio) a una racionalidad matemática que no es inherente a la racionalidad de la propia producción.

En 1971, la decisión de Nixon de emancipar el dólar estadounidense del régimen universal de cambio fijo estableció la noción de que la variable financiera era independiente de cualquier referente y solo se basaba en el poder arbitrario de la autorregulación y la autoafirmación. Por su parte, la creación de la red digital le abrió el camino a la automatización de la relación entre el código financiero y la dinámica económica, con lo que la vida social se vio sujeta a la semiotización financiera.

La teoría estructural de Chomsky se basa en la idea de que es posible intercambiar signos lingüísticos en el banco de las estructuras compartidas: lo que hace posible el intercambio es una competencia cognitiva común. Por ende, el lenguaje es, como el dinero, un equivalente general, un traductor universal de distintos bienes. Podemos intercambiarlo todo por dinero, así como podemos intercambiarlo todo por palabras.[3]

Pero, además, el dinero (al igual que el lenguaje, por supuesto) es una herramienta que permite la movilización de energías, un acto de autoexpansión pragmático. En la esfera del capitalismo financiero, el dinero cuenta menos como un indicador que como un factor de movilización. Sirve para provocar participación o sumisión. Prestemos atención a la realidad de la deuda, prestemos atención a los horribles efectos del empobrecimiento y la explotación que la deuda provoca en el cuerpo de la sociedad. La deuda es la transformación del dinero en un chantaje. El dinero, que supuestamente tiene la intención de medir el valor, se ha convertido en una herramienta de dominación psíquica y social. La deuda metafísica vincula el dinero con el lenguaje y la culpa. La deuda es culpa, y en cuanto culpa ingresa en el dominio del inconsciente, en el que moldea el lenguaje en conformidad con estructuras de poder y sumisión.

“La deuda es la transformación del dinero en un chantaje. El dinero, que supuestamente tiene la intención de medir el valor, se ha convertido en una herramienta de dominación psíquica y social.”

El dinero y el lenguaje tienen algo en común: en el mundo físico no son nada, pero aun así, en la historia de la humanidad, lo mueven todo. Las palabras llevan a las personas a creer, las palabras forjan expectativas y el impulso a actuar en procura de determinadas metas. Las palabras son herramientas de persuasión y de movilización de energías psíquicas. El dinero actúa de manera similar, basado en la confianza y la credibilidad de que un pedazo de papel representa todo lo que se puede comprar y vender en el mundo.

En “El dinero: tarjeta de crédito del pobre”, capítulo 14 de Comprender los medios de comunicación, McLuhan escribe:

“El dinero habla” porque es una metáfora, una transferencia, un puente. Como las palabras y el lenguaje, el dinero es un almacén de trabajo, conocimientos y experiencia alcanzados en común. No obstante, el dinero también es una tecnología especializada como la escritura; y, como la escritura, intensifica el aspecto visual del discurso y del orden; y, así como el reloj separa visualmente el tiempo del espacio, el dinero diferencia el trabajo de las demás funciones sociales. Incluso hoy en día, el dinero es un lenguaje en que se traduce el trabajo del granjero en el trabajo del barbero, médico, ingeniero o fontanero. Como extensa metáfora social, puente o traductor, el dinero –como la escritura– acelera los intercambios y estrecha los lazos de interdependencia en cualquier comunidad.[3]

El dinero es una herramienta que permite la simplificación de las relaciones sociales y hace posible la automatización de los actos de enunciación. Pero mientras que el autómata industrial era mecánico, termodinámico y se componía de “muchos órganos mecánicos e intelectuales, de tal modo que los obreros mismos solo están determinados como miembros conscientes de tal sistema”, el autómata digital es electrocomputacional, implica el sistema nervioso y se despliega en redes de conexión electrónica y nerviosa.[4] El autómata bioinformático es el producto de la inserción del autómata digital en el flujo de las interacciones sociolingüísticas.

LA ABSTRACCIÓN Y EL AUTÓMATA

Durante el siglo pasado, la abstracción fue la principal tendencia de la historia general del mundo, en ámbitos tan distintos como el arte, el lenguaje y la economía. Es posible definir la abstracción como la extracción mental de un concepto a partir de una serie de experiencias reales, pero también como la separación de la dinámica conceptual de los procesos corporales. Desde el momento en que Marx habló de “trabajo abstracto” para referirse a la actividad laboral como algo separado de la producción útil de cosas concretas, sabemos que dicha abstracción es un motor potente. Gracias a la abstracción, el capitalismo logró separar el proceso de valorización del proceso material de producción. Al convertirse el trabajo productivo en un proceso de infoproducción, la abstracción pasa a ser la principal fuente de acumulación, y la condición necesaria para la automatización. La automatización es la inserción de la abstracción en la máquina de la vida social, con el consecuente reemplazo de una acción (física y cognitiva) por un motor técnico. Desde el punto de vista de la historia cultural, la primera parte del siglo XX está marcada por la emancipación de los signos de su estricta función referencial: es posible ver esto como la tendencia general de la Modernidad tardía, una tendencia dominante tanto en la literatura y el arte como en la ciencia y la política.

En la segunda parte del siglo, sin embargo, es el signo monetario el que reclama su autonomía, y desde la decisión de Nixon, tras un proceso de desregulación monetaria, quedó firmemente establecido que la dinámica monetaria se autodefine de manera arbitraria: el dinero pasó de tener una significación referencial a tener otra autorreferencial. Esto era necesario para la automatización de la esfera monetaria, y para la sumisión de la vida social a esta esfera de abstracción.

La automatización, que es electrónica, no representa tanto trabajo físico como conocimiento programado. En la medida en que el trabajo es reemplazado por el puro movimiento de la información, el dinero como almacenamiento del trabajo se fusiona con formas informáticas de crédito.[5]

La tecnología de Gutenberg creó una nueva y extensa república de las letras y dio lugar a mucha controversia en cuanto a los límites de los campos de la literatura y de la vida. El dinero signo, basado en la tecnología de la imprenta, creó nuevas y rápidas dimensiones de crédito incompatibles con la inerte masa del metal precioso y con el dinero mercancía. Y, sin embargo, todos los esfuerzos iban encaminados a que el nuevo y veloz dinero se com- portara como los lentos transportes de metales preciosos. J.M. Keynes describe esta política en su Tratado sobre el dinero: “Finalmente, la larga edad del Dinero Mercancía ha dejado paso a la del Dinero Signo. El oro ha dejado de ser moneda, tesoro, reivindicación tangible de riqueza, cuyo valor no puede escurrirse, siempre que su posesor individual se aferre a la sustancia en sí. Se ha convertido en algo mucho más abstracto, un simple patrón de valor; y solo conserva su categoría nominal porque de vez en cuando se lo pasan entre sí un pequeño grupo de Bancos Centrales, y en cantidades bastante modestas”.[6]

Solo si se la abstrae (es decir, si se la separa de su referente y del cuerpo) la dinámica monetaria puede automatizarse, someterse a las reglas de una esfera de significación no referencial y a la atribución de valor. La información toma el lugar de las cosas, y las finanzas –que alguna vez fueran la esfera en que los proyectos productivos podían encontrar el capital, y en el que el capital podía encontrarse con los proyectos productivos– se emancipan de las limitaciones de la producción física: el proceso de valorización del capital (el aumento del dinero invertido) ya no pasa por la creación de valor de uso. Al cancelarse el referente y permitirse la acumulación financiera por la mera circulación de dinero, la producción de bienes resulta superflua para la expansión financiera. La acumulación de valor abstracto depende del sometimiento de la población a la deuda, y de la depredación de los recursos existentes. Esta emancipación de la acumulación del capital de la producción de cosas útiles tiene por resultado un proceso de aniquilación del bienestar social.

En la esfera de la economía financiera, la aceleración de la circulación y la valorización implica la eliminación de la utilidad concreta de los productos, debido a que cuanto más rápidamente circule la información más rápido se acumulará el valor. La información puramente financiera es la más veloz de todas las cosas, mientras que la producción y distribución de bienes es lenta. El proceso de concreción del capital –a saber, el intercambio de bienes por dinero– retrasa el ritmo de la acumulación monetaria. Lo mismo ocurre en el ámbito de la comunicación: cuanto menos significado lleve el mensaje, más rápido habrá de moverse, dado que la producción e interpretación de sentido exigen tiempo, mientras que la circulación de información pura sin significado es instantánea.

“La acumulación de valor abstracto depende del sometimiento de la población a la deuda, y de la depredación de los recursos existentes. Esta emancipación de la acumulación del capital de la producción de cosas útiles tiene por resultado un proceso de aniquilación del bienestar social.”

En los últimos veinte años, las computadoras, los intercambios electrónicos, los fondos oscuros, las flash orders [práctica del denominado trading de alta frecuencia], los intercambios múltiples, los mercados de valores alternativos, los brokers de acceso directo al mercado, los derivados del mercado extrabursátil y el trading de alta frecuencia alteraron totalmente el panorama financiero, y en particular la relación entre los operadores humanos y los autómatas algorítmicos capaces de autodirigirse. Cuando más se borra la referencia a las cosas físicas, los recursos físicos y el cuerpo, más se puede acelerar la circulación de flujos financieros. Es por ello que al final de este proceso de abstracción-aceleración el valor no emerge como una relación física entre el trabajo y las cosas, sino antes bien como la autorreplicación infinita de intercambios virtuales de nada con nada.

LA INSCRIPCIÓN DE REGLAS

Algunos agentes tecnofinancieros de mente abierta, como así también algunos grupos de activistas sociales, promueven la idea de que las monedas alternativas podrían ayudarnos a salir de la trampa financiera desde adentro.

A los agentes financieros de mente abierta los mueve la convicción libertaria de que la esfera económica debe ser totalmente libre del Estado y de cualquier control monetario centralizado. Los mueve la búsqueda de una posibilidad de democratizar la esfera financiera.

No sé si es posible subvertir la función del dinero o utilizarlo como una herramienta para desvincular a la vida social y a la producción del capitalismo financiero que en la actualidad emplea la dinámica monetaria como una herramienta para el sometimiento del trabajo y el conocimiento.

La experiencia nos indica que el dinero puede funcionar como un automatizador, el gran automatizador de la vida social. La experiencia nos indica que liberar los espacios en los que vivimos del intercambio y la codificación monetaria (por medio de la insolvencia o de intercambios no monetarios) es el modo de crear espacios de autonomía.

La insolvencia es el modo más efectivo de resistir el chantaje financiero responsable de la destrucción sistemática de la sociedad. Pero la insolvencia organizada solo es posible cuando la solidaridad social es fuerte, y en las condiciones actuales los vínculos de solidaridad son débiles.

“La experiencia nos indica que liberar los espacios en los que vivimos del intercambio y la codificación monetaria (por medio de la insolvencia o de intercambios no monetarios) es el modo de crear espacios de autonomía.”

Aunque ha habido enormes manifestaciones en las calles, después las personas no consiguieron mantener viva la solidaridad durante mucho tiempo. Es por ello que a lo largo de los últimos años la insolvencia –el rechazo activo a pagar deudas e impuestos injustos, la negación a pagar por los servicios básicos, la ocupación permanente de espacios y edificios y el sabotaje a la austeridad– no ha logrado echar raíces en la escena social.

En los últimos tiempos, han aparecido en muchos países de Europa formas rudimentarias de monedas alternativas para intercambios locales, a las que se suman otras experiencias, como el intercambio de tiempo y bienes y servicios básicos. Pero las monedas comunitarias solo pueden convertirse en una forma de intercambio significativa si existe una solidaridad social lo suficientemente fuerte como para fomentar la confianza y la ayuda mutua.

Algunos programadores muy habilidosos promueven formas más sofisticadas de monedas alternativas: el Bitcoin probablemente sea la más conocida. Generar dinero es un problema técnico, pero reemplazar el dinero financiero por un dinero alternativo es un problema de confianza.

Las monedas alternativas podrían ayudar a alterar el juego, es bastante posible, y hasta cierto punto ya está ocurriendo. Pero no queda claro cómo estas alternativas podrían funcionar como sustitutos de una falta más fundamental de solidaridad social.

Por otra parte, el dinero algorítmico también podría funcionar como la herramienta definitiva de la automatización: automatización del comportamiento, del lenguaje, de las relaciones, de la evaluación y del intercambio. Sin importar cuáles sean las intenciones de los mineros de Bitcoins, su acción monetaria habrá de elevar el nivel de automatización de la esfera de intercambio social.

Lo que me interesa es la automatización tecnolingüística de las relaciones entre las personas, que hace que las relaciones económicas y financieras ya no sean el objeto de una negociación ética ni de una decisión política. Cada vez más, estas se inscriben en el código que da acceso a determinados servicios, o a determinadas posibilidades de conseguir un empleo, y así sucesivamente.

La tendencia actual avanza hacia la codificación de las relaciones personales en el lenguaje de la programación: las criptomonedas y los criptocontratos fomentan aún más la transformación de las relaciones entre personas en la ejecución de un programa, una secuencia de actos que es preciso cumplir para acceder al paso siguiente. La función normativa de la ley se ve sustituida por las implicancias automáticas de agentes humanos reducidos a funciones meramente operacionales. Lo que hizo posible la superación del sistema industrial fue la traducción de actos físicos en piezas de información. La automatización de la interacción lingüística y el reemplazo de los actos cognitivos y afectivos por secuencias y protocolos algorítmicos es la principal tendencia de la mutación en curso.

__________

[1] Jean Baudrillard, Pantalla total, Barcelona, Anagrama, 2000, p. 155.

[2] Noam Chomsky, Estructuras sintácticas, México, Siglo XXI, 1974; Noam Chomsky, Aspectos de la teoría de la sintaxis, Madrid, Aguilar, 1970.

[3] Marshall McLuhan, Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano, Barcelona, Paidós, 1996, p. 151.

[4] Karl Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858, Vol. 2, México, Siglo XXI, 1971, p. 218.

[5] Marshall McLuhan, Comprender los medios de comunicación, op. cit., p. 155.

[6] Ibíd.

*Las imágenes incluidas en este posteo pertenecen a f1x-2.

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