ESCRIBIR EN EL AGUA

CARTAS (1930-1992)

JOHN CAGE



COLECCIÓN: SYNESTHESIA ARTE
EDICIÓN: LAURA KUHN
TRADUCCIÓN, SELECCIÓN Y PRÓLOGO: GERARDO JORGE
ISBN: 978-987-48226-1-1
PÁGINAS: 472
AÑO: 2021

MATERIALES PARA DESCARGAR

PORTADA
FRAGMENTO

$1,750

«Necesitamos un nuevo lenguaje que pueda ser experimentado por todos los seres humanos en forma inmediata y que al mismo tiempo les otorgue a los animales, a las plantas, al aire, al agua y a la tierra un lugar equivalente en la creación. Los ideogramas chinos lo hacían, antiguamente. Necesitamos ideogramas que hagan eso ahora.»

Escribir en el agua reúne una amplia selección de las cartas escritas por John Cage de 1930 a 1992, y abre las puertas a una aventura de expansión de lo experimentable: al ruido, al cuerpo, al silencio, al espacio, al más allá de la sintaxis, a la mezcla de los lenguajes. Al leerlas en serie, se va delineando la autobiografía involuntaria y discontinua de un personaje esquivo que tiene una comprensión impactante de su tiempo. La cantidad de tópicos claves para nuestra época que se prefiguran es sorprendente: el problema de la tecnología, la globalización económica y cultural, la disidencia sexual, las relaciones entre distintas mentalidades (oriental, europea, norteamericana), la alimentación, la comunidad, la crítica del sujeto moderno y del antropocentrismo ganan lugar en su escritura cotidiana.

Como mínimo, este libro permite dos rutas de lectura. En una, las cartas cuentan una historia de la cual Cage es protagonista: la transformación de la música en otra cosa (“sonido en el espacio”). En este sentido, el libro funciona como una perfecta guía de escucha del siglo XX; un itinerario comentado por obras que su autor estudia y compara, y por sus propios proyectos. Por otro lado, mientras descubrimos a la persona, su sensibilidad, sus dificultades económicas y su vasta red de afectos, asistimos a debates históricos y culturales, y a intercambios con figuras como Morton Feldman, Merce Cunningham, Pierre Boulez, Peter Yates, Marshall McLuhan, Christian Wolff y David Tudor. En todo momento, Cage difumina los límites entre carta, poema y ensayo, y parece recordarnos que estamos ante alguien que pretende “escribir en el agua”, “desmilitarizar el lenguaje”: que busca, en definitiva, propiciar otras formas de vida.

(Estados Unidos, 1912-1992) Fue un músico que impactó de forma decisiva en la vanguardia de su tiempo. Estudió con los compositores Henry Cowell y Adolph Weiss, así como con el austriaco Arnold Schönberg. Por influencia del zen, Cage utilizó a menudo en sus partituras los silencios como un elemento más del lenguaje musical, otorgando a los sonidos una entidad dependiente del tiempo.  En la década del treinta, comenzó a demostrar en sus primeros trabajos un talento inusual para el diseño de ritmos imposibles y aptitudes especiales para la invención de sistemas como el de veinticinco tonos. Usó asimismo distorsiones para sus instrumentos e inventó el piano preparado, al cual le insertó en el encordado una serie de elementos que dotaban al instrumento de un amplio abanico de nuevas de posibilidades sonoras. Cage acuñó también el concepto de música no-intencionalUn ejemplo es 4’33” (1952), una obra cuya partitura no contenía ninguna nota a lo largo de sus cuatro minutos y treinta y tres segundos de duración.